Hoy entré en confrontación con uno de esos turcos que atienden las estaciones de Servicios aqui, mas conocidos en mi compañía como Grifos. Da lo mismo por qué, el caso es que por tener documentación debido a su procedencia, se está haciendo demasiado corriente que este puto miserable nos trate a nosotros, los razas latinos, de forma despectiva y poco amable. En buen chileno, con la punta de del zapato. Salté entonces y me agarré con el imbésil, no a putazos pero ganas no me faltaron. El problema es el de siempre, evitar a la policía es definitivamente evitar a la MIGRA, pero contento me fui porque alegué con el cabrón, porque mi gente no habla inglés y suele por consiguiente agachar la cabeza ante estos atropellos.
Mas tarde, me fui a mi segundo trabajo en el primer día. Richmond. Iba en el Bus con todos los trabajadores que a esas horas, a las cinco de la l tarde, salen de sus trabajos y se dirigen al hogar. Casi puros afroamericanos colmaban el bus y bullisiosos, hicieron del viaje algo mas interesante para mi d e lo que debe de ser cotidianamente para ellos. Yo tenía mi máquina para mirar y sentir bien despierta, y volví al mundo al cual pertenezco, al del trabajador. Este día ha sido un día cercano a mi gente. Me rapé el mate hace poco y ahora, a medio crecer mis cabellos, me parezco mas a mis razas que se pelan la cabeza y usan esos jeans anchísimos, hip-hop, a amedia hasta... ni cagando tan solidario en todo caso. Pero ahi estaba yo, mirándome una vez mas y sintiéndome uno mas entre los miles d e inmigrantes latinos que llegan a estas tierras. Antes de dormir, me cuentan que Julio Muñoz, gran trabajador social y luchador campesnino, ha muerto tan joven, mas que yo incluso, ahogado en su propio tranque en Cuncumén, en la precordillera de los Andes de Chile. Y asi cerre mi dia, con una despedida terrible de entre mis recuerdos, con un sentimiento d e filiación del cual me había estado arrancando en estos meses y al que fui devuelto por la humildad d e mis coterráneos latinoamericanos, esta Pérdida d e la que hablo y la sensación fuerte de que el poeta comprometido que duerme en mi, duerme como en batalla, con un ojo abierto y otro cerrado, para que en la noche, no lo destrose la injusticia ni la insolencia de quienes no nos conocen y que en el fondo, por lo mismo, nos temen.
A la memoria d e Julio Muñoz. Su sueño mejor para su gente y su notable altura personal.
lunes, 7 de abril de 2008
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